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Sábado, 22 de noviembre de 2008
 
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Los quesos deben consumirse de menor a mayor intensidad de sabor.
Cada tipo de queso se corta y presenta de diferente manera, por ejemplo los curados se cortan en forma de cuña y después de forma triangular, en cambio los duros se rallan, se desmenuzan. Los queso de poco volumen o untables se presentan enteros. El queso de cabrales combina bien con pan rústico y vino tinto del país. Los quesos cremosos se presentan en rebanadas tipo canapé o bien se untan.
Algunos quesos se utilizan incluso para cocinar, por ejemplo un queso de oveja curado rallado sobre algún plato. Los quesos de oveja y los azules mezclados con nata líquida se convierten en excelentes salsas para carnes y pescado azul. Los quesos cremosos son un complemento para un buen plato de verduras, una ensalda o incluso unos canapés. Los quesos frescos son un buen complemento para un postre o incluso algo dulce, como confituras o mermeladas. Los acompañantes idóneos para el queso son el pan, de cualquier clase, e incluso los patés. También los frutos secos como las nueces, almendras o avellanas y frutas que no sean demasiado dulces. Los quesos de oveja mantecosos van bien acompañados de uvas. Para los quesos frescos como para los azules la miel realza y pronuncia su sabor. Los quesos deben conservarse en una bodega, casa, o incluso un sótano fresco y ventilado puesto que ofrece unas buenas condiciones de temperatura y de humedad y así su consumo será óptimo.


El queso recién comprado o sobrante se recomienda conservarlo en lugar fresco y seco, por ejemplo, en el frigorífico.
Se recomienda no congelar.
Para conservarlo lo mejor es envolverlo en plástico, pero no demasiado apretado. El papel resecaría demasiado el queso, y el plástico demasiado apretado lo recalienta, provocando incluso la aparición temprana de moho.
El método mas recomendado para conservar el queso es el taperware, donde no solo se conserva sin tocar demasiado el plástico sino que además se mantiene aislado de otras comidas y por tanto de posibles contaminaciones en el sabor.
Si el queso desarrolla algo de moho, límpielo con cuidado antes de servir. El resto del queso sigue siendo perfectamente comestible.
Dependiendo del tipo de queso, el tiempo de conservación varía, menor para los quesos menos curados. Bien conservado, en cualquier caso, todos los quesos pueden durar meses en el frigorífico.
Antes de servir, se recomienda dejar que el queso vuelva a la temperatura ambiente.

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